INMIGRACIÓN. ESPAÑA SIN FRONTERAS - KW77 COMUNICACIÓN

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lunes, 5 de agosto de 2019

INMIGRACIÓN. ESPAÑA SIN FRONTERAS

                                                
ESPAÑA SIN FRONTERAS
Desde hace más de veinte años, esto es, desde finales del Siglo XX, se viene escribiendo, señalando y advirtiendo que, -sin control fronterizo-, España acabaría siendo pasto de las mafias que trafican con personas y de las que viven del delito en las sociedades de acogida en Europa.
No han errado en nada los que avisaban del futuro que nos esperaba, a pesar de los insultos e intentos de coartarles o apartarlos de la corriente multiculturalista dominante, el efecto llamada es permanente, porque tenemos un sistema, por una parte, de premios a los que entran vulnerando nuestras leyes o, incluso, delinquiendo y, por otra parte, de castigo al que pretende entrar legalmente, como ocurre con muchos hispanoamericanos que son expulsados por no cumplir los requisitos de las normas de extranjería, y por no tener delitos pendientes con las justicia, porque en caso de tenerlos no serían expulsados.
Efecto llamada
El efecto llamada se produce principalmente por nuestro mal llamado "Estado de bienestar", que en realidad lo que hace es acumular déficit y pasar la pelota a las generaciones futuras. Así, el inmigrante es tentado por las mafias y por las nuevas formas de comunicación instantánea de que se dispone actualmente, de las ventajas y beneficios que va a obtener en Europa, incluso sin hacer nada. O peor aún, incluso cometiendo delitos va a tener garantizada una vida digna, desde su propia visión de la dignidad.
Por tanto, se busca entrar en un sistema sanitario universal, por el solo hecho de pasar por allí, y en un sistema de ayudas sociales que garantice la subsistencia, incluso sin hacer absolutamente nada, lo que provoca una explotación fraudulenta del sistema, que en el caso de España está pensado para una población de escaso crecimiento demográfico.
Seguidamente vendrá la regularización y la reunificación familiar, lo que causa un efecto multiplicador exponencial capaz de causar un incremento súbito de la población de origen extranjero en cuestión de menos de una década, así como el disparo del gasto social.
Además, por la frontera de Francia entran todos los que lo desean, con pasaporte y visado francés o sin él.
Inmigración regulada
La inmigración regulada tiene consecuencias positivas allá donde se produce, tanto en el lugar de destino (ingresos públicos por Seguridad Social, IVA, IRPF, Tasas, ITP, etc.), y también en el lugar de origen (principalmente envíos de remesas).
También tiene consecuencias negativas en el lugar de destino (aumento del gasto público en educación, sanidad, subsidios, inversiones extraordinarias en infraestructuras, en seguridad, juzgados, prisiones, etc.), y en origen (despoblación, pérdida de mano de obra, abandono de cultivos, etc.).
Estas consecuencias lo son si se trata de inmigración regulada, pero si la inmigración se produce sin control alguno, como está ocurriendo desde hace años, entonces las consecuencias son catastróficas:
- Crecimiento de la economía sumergida, dinero negro, falta de control sanitario, transmisión de enfermedades ya olvidadas en Europa, colapso de sistema sanitario, de ayudas, etc.
- Cientos de miles de ilegales a la espera de regularización, sin conocer sus antecedentes, sus intenciones o sus posibilidades de adaptación, porque no todos los orígenes de la la inmigración tienen las mismas consecuencias en el lugar de destino.
Según datos del Ministerio del Interior, desde 2015 han entrado en España un promedio de 170.000 inmigrantes por trimestre, lo que significa que hasta 2019 han entrado, aproximadamente, 2.000.000 (dos millones) de personas.
Por otra parte, el aumento poblacional en números totales (actualmente rozando los 47 millones) se corrige por la huida de españoles al extranjero (también por el retorno, principalmente de países hispanoamericanos), lo que se conoce como crecimiento negativo de la población de origen español. Esto es, huye población española cualificada y recibimos población extranjera sin cualificar, por lo que el cambio poblacional es negativo y perjudicial para España.
Inseguridad ciudadana y no integración
Bastaría con que el 1 % de esa población que recibimos sin control (que no es inmigración, porque la población que asalta nuestras fronteras no es inmigración, sino invasión) fuese delincuente, para crear un problema de orden público de gran magnitud.
Esta situación se convertiría en irreversible si, como ya está ocurriendo en casi toda Europa, los delincuentes operan a través de mafias, porque las mafias corrompen todos los estamentos sociales.
Está claro que no todos los que vienen son delincuentes, ni todos vienen con la intención de delinquir, pero hay un principio universal natural en las migraciones reguladas que es el de que las normas de acogida las dicta quien acoge, y no el que es acogido, porque entonces llegamos al absurdo de que el que "acoge" es el que se somete a las normas que impone el que entra, por lo que no cabe hablar de acogimiento, sino de asalto.
La cuestión islámica
En la experiencia de países con inmigración musulmana consolidada desde hace cuarenta años o más, como Francia, Reino Unido, Holanda, Alemania, países nórdicos, etc. este tipo de inmigración, en su interpretación más integrista, impide la convivencia a largo plazo, así como la integración con la población autóctona, principalmente la segunda y tercera generación. Aunque se intente ocultar, el aumento de los delitos llamados de "violencia de género", se produce en un alto porcentaje en este tipo de población. El coste que supone la no integración de esas masas de personas opuestas a las leyes, cultura y visión del mundo occidental, y de la mujer, puede ser dramático, no sólo por la violencia terrorista de los radicales islámicos, sino por la reorganización de la vida social a que nos vemos obligados en seguridad, tribunales, policía, infraestructuras, costes sociales, políticos, etc. derivados de una población que no se integra.
Distintos y variados autores han escrito y estudiado sobre este tema, uno de ellos, fallecido en 2017, fue el profesor Giovanni Sartori, entrevistado en abril de 2001 por el periodista, en aquellas fechas de el diario El País, Hermann Tertsch (actualmente parlamentario europeo por la formación política VOX). La entrevista fue con motivo de la publicación del libro de Sartori "Pluralismo, multiculturalismo y extranjeros". En este libro, venía a decir que la inmigración sin límites es una amenaza. Así, seleccionando algunos fragmentos de la entrevista:
Pregunta: "¿Qué es lo que hace a chinos, indios u otros pueblos no occidentales inmigrantes preferibles a los de religiones 'vigorosas y totalitarias', como las llama usted, por ejemplo, la islámica? "
Respuesta: "En el libro yo hablo poco de ello y en realidad no hago nunca consideraciones étnicas. Si las hiciera, daría igual que fueran chinos, indios u otros. Son tan diferentes como los otros y, sin embargo, no crean reacciones xenófobas. Se trata de un problema cultural, político y ético. Si fuera étnico serían rechazados todos por igual. Pero el rechazo y la reacción la genera culturalmente el islam, que es una religión pública, no privada, una religión muy fuerte y autoafirmativa. Las religiones sincretistas son privadas y no afectan a la cosa pública. Pero el islam, que pasa ahora con un fuerte renacimiento, es, yo diría hoy que absolutamente, al cien por cien, incompatible con la sociedad pluralista y abierta en Occidente. Aunque los islamistas son muy diferentes entre sí, ellos tienen un concepto del mundo propio que nada tiene que ver con el colectivo de individuos con una base común, como somos las sociedades occidentales. Los principios de las dos culturas son antagónicas y son ellos los que nos consideran a nosotros los infieles aunque estén aquí (en Europa), no nosotros a ellos."
Pregunta: "¿Cuánto puede abrirse esta sociedad, en su opinión, sin que esté en peligro su subsistencia por lo que usted califica de enemigos culturales? ¿Hasta dónde se puede llegar sin hacer peligrar la cohesión y provocar esa fragmentación que usted teme? "
Respuesta: "No es fragmentación, es algo mucho peor, es la disolución balcánica de nuestras cualidades pluralistas. Lo que es muy posible. La sociedad abierta, como contraposición a la cerrada, ya no es la que nos conceptuaba Popper. Se trata de establecer cuán abierta puede ser una sociedad abierta para seguir siéndolo. Se trata de poder definir el valor de la diversidad, la solidez del pluralismo, la importancia de la tolerancia. El pluralismo tiene una larga historia en Occidente. Comienza al final de las guerras religiosas del XVII. Entonces comienza a cuajar el concepto de que la diversidad no es dañina, sino un valor añadido, y a partir de ahí se desarrollan la tolerancia, el consenso y el pluralismo, sobre estas piezas se ha de basar la sociedad abierta para que no se colapse. Estas nociones no son infinitamente elásticas. La apertura total que supone la entrada indiscriminada de todo aquel que quiera hacerlo nos deja sin espacio ni para respirar, pero además supone la entrada de fuerzas culturales ajenas y enemigas al sistema pluralista nuestro.
Hay tres criterios para establecer la supervivencia en diversidad. El primero es la negación del dogmatismo, es decir, precisamente todo lo contrario que predica el islam. Cualquier cosa que uno haga tiene que ser explicada por argumentos racionales. Todo acto tiene que ser explicado. No vale eso de que Dios lo dice, o que es así. El segundo es que ninguna sociedad puede dejar de imponer el principio de impedir el daño y esto supone que todas nuestras libertades siempre acaban donde supondrían un daño o peligro de daño al prójimo. Y el tercero y quizás más importante es el de la reciprocidad. La reciprocidad dentro de la doctrina de la tolerancia supone que no podemos ser tolerantes con la intolerancia. Yo soy tolerante como anfitrión, pero tú tienes que serlo asimismo desde tu papel de huésped. La religión católica ha sido durante mucho tiempo muy intolerante, hoy no se lo puede permitir. Aunque muchas veces quisiera. Ya ha perdido para siempre la ocasión de serlo. Pero el islam sigue pensando en el poder de la espada. Y la obligación en estas religiones es distinta. A la Iglesia católica no le gusta que se vayan sus creyentes, pero se tiene que aguantar. La islámica no te lo permite."
Pregunta: ¿Dónde está la clave para esa integración y aceptación de las reglas básicas de convivencia que le son en principio ajenas, en su opinión, a los inmigrantes musulmanes?
Respuesta: En la escuela. Es ahí donde la segunda generación debe completar una integración que para la primera es imposible por su procedencia y nivel cultural. Las escuelas especiales, islámicas o de cualquier otro tipo, sólo fomentan la resistencia a la integración y la lucha cultural contra la sociedad de acogida."
Sobre este tema, un artículo publicado en Libertad Digital el 06 de julio de 2004, titulado "El Retorno del Ghetto", autor Lucrecio, en relación a un Informe del Ministerio del Interior de Francia al respecto, señalaba que "El informe del Ministerio del Interior francés es aplastante. Realizado por la Direction Centrale des Renseignements Généraux (DCRG), ese informe sobre la "involución comunitarista" en Francia constata un hecho desolador y, más que probablemente, irreversible: las comunidades emigrantes en Francia, y muy en especial la islámica, han pasado a configurarse internamente como ghettos. No en sentido metafórico. En el literal, que hace que buena parte de ellas sean hoy, de facto, territorios sustraídos al imperio de la legalidad republicana. Pequeños enclaves musulmanes donde impera la sharía y donde la igualdad política y legal de las mujeres se ha extinguido. (...)
Una encuesta realizada entre enero y agosto de 2003 por la organización "Pateras de la Vida" en la provincia marroquí de Larache, y publicada en el diario ABC el 14 de noviembre de ese año, el 63,5 % de los habitantes de zonas rurales de Marruecos aseguran que piensan emigrar a España. De ser así, y el tiempo va demostrando que sí lo es, si la población total de marruecos en ese año era de 30 millones (en la actualidad a 2019 es de 36 millones, según el Reloj de Población), y la población rural era del 46 % (45 % en 2019), significa que cerca de 9 millones de personas, solamente de Marruecos deseaban emigrar a España, además de las que lo deseen de las zonas urbanas, y además de las que lo deseen de Argelia, Túnez, o el resto de África.
Las causas de esa disparidad en Marruecos, según un estudio de Sabah Benjelloun. Institut Agronomique et Vétérinaire Hassan II (Rabat), son consecuencia "del abandono en las infraestructuras y los equipamientos de las zonas rurales, respecto de las urbanas."
Al final, resulta que las políticas fracasadas de esos países las hemos de pagar los que aportamos más de la mitad de nuestro trabajo anual para el Estado que fagocita más del 100 por 100 de lo que se produce, endeudándose más y más sin querer reconocer su fracaso en la política económica y migratoria y nos encamina a la servidumbre total.
Como dato chocante a este desvarío, hemos tenido noticia este mes de julio de que S. M. el Rey de Marruecos, Mohamed VI, ha estrenado yate (90 millones de euros), además posee 600 autos, 12 palacios habilitados en todo momento con 1.100 sirvientes listos para recibirle, relojes de un millón de dólares, etc. No es tanto, dado que posee la mayor fortuna de Marruecos y la quinta de África, según la revista Forbes, -rondando lo 5.700 millones de dólares-. Y mientras tanto, sus niños jugándose la vida para huir de Marruecos por el hambre.
Además, el drama del aborto
Esa situación real y efectiva descrita anteriormente se agrava en el caso de España, con el drama del aborto.
Según datos del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, en España se han venido produciendo, hasta 2014, más de cien mil abortos practicados, y desde 2014 a 2018 ronda la cifra de los 94.000 abortos practicados. Esto es, financiamos con nuestro dinero que a cien mil hijos de españoles se les prive de nacer cada año, por lo que les privamos de recibir nuestro idioma, valores de libertad, igualdad y visión del bien y del mal en una sociedad abierta. Y, a su vez, también con nuestro dinero, financiamos los de otros, que muchos de ellos tienen una visión del mundo totalmente opuesta (no contraria, sino opuesta, que no es lo mismo, ya que lo contrario permite la existencia del otro, lo opuesto no, porque es contradictorio; por ejemplo el día es opuesto a la noche y no pueden coexistir a la vez), sean educados en otros valores y en otra visión del mundo opuesta y anclada en supersticiones y no en razones.
CONCLUSIÓN:
Cabe preguntarse, primero: ¿Estamos obligados a acoger sin límite a todos aquellos millones de personas que deseen venir a España? 
Y, segundo: ¿Podemos acogerlos?
Esto es, ¿Podemos hablar de inmigración en mayúsculas, donde cabe cualquier individuo, incluidos los enemigos de nuestro sistema de sociedad abierta con la intención de implantar el sistema del que ellos mismos huyen?
¿Hemos de seguir manteniendo la careta de la hipocresía diciendo que ese tipo de inmigración nos enriquece?
¿Quién impone las normas para entrar en mi casa, yo o el que pretende entrar en ella?
En definitiva, la inmigración sin control es una sinrazón, un disparate.
Si no corregimos, y no se espera que se haga con los actuales líderes políticos de nuestra socialdemocracia, que se caracterizan por su cobardía y por la defensa de sus intereses particulares, exceptuando, de momento, a VOX, el resultado final es el de que a España, país sin fronteras, llegarán millones de individuos de cualquier lugar, sin control alguno y la población española, y con ella su identidad, quedarán disueltas como azucarillo en el agua de la hipocresía y de la historia.
Qué duda cabe que este problema no afecta solamente a España, afecta a Europa occidental y pondrá en jaque su sistema económico-cuasiliberal, porque no solamente son invadidos esos países por corrientes migratorias, supuestamente sin control, sino que desde otros ámbitos de poder, ya sea económico, militar, estratégico, industrial, incluso espacial, los poderes que realmente dirigen el mundo siguen jugando su partida.
No puedo dejar de hacer mención a una de las afirmaciones que aparecen en el ensayo que Samuel P. Huntington hace en su obra "El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial", Editorial Paidós, 2003, en el que se señala que "las líneas de fractura entre civilizaciones pueden ser las líneas de los futuros campos de batalla."
                                                                                      Celso Marchena, agosto de 2019

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