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sábado, 22 de febrero de 2020

LOS AGRICULTORES TOMAN LA CIUDAD DE MURCIA ANTE LA ASFIXIA DEL SECTOR

         LOS AGRICULTORES TOMAN LA CIUDAD DE MURCIA ANTE LA ASFIXIA DEL                                                                              SECTOR

                                          Vista de la Gran Vía Salzillo de Murcia
        
                   Juan Manzanares          KW 77 COMUNICACIÓN            21-02-2020      

            
           “Da pena ver que tenemos unas producciones que son una maravilla, unos campos que ofrecen cosas que otros no pueden ofrecer, tenemos unos mercados que nos hemos ganado a pulso y que los estamos perdiendo por caprichos de inútiles.”

          Este viernes 21 de febrero, los agricultores murcianos han salido a la calle para dirigirse a la capital murciana en defensa de la agricultura y del sector, ante la asfixia a la que se encuentran sometidos.

            Impuestos, subida del gasóleo, agua desalada a precios astronómicos, subidas del precio de abonos, de productos fitosanitarios, aumento de los costes laborales, inversiones obligadas para adaptarse a cambios legislativos y un rosario de requisitos burocráticos han llevado al sector agrícola español al límite del colapso.

            Si a esto añadimos la inquina que el Gobierno de Pedro Sánchez ha demostrado tener con los murcianos, -negación o cierre de trasvases en el Tajo-Segura, bloqueo de la autorización para la firma de un crédito por importe de 320 millones de euros, que se encuentra preconcedido por el Banco Europeo de Inversiones para paliar los daños de la DANA, con la excusa de que Murcia ya tiene mucha deuda, cuando la ley lo permite en caso de catástrofes naturales, además del bloqueo de las cantidades correspondientes por IVA, y el trato discriminatorio respecto a otras autonomías con mucho mayor déficit, incluso en quiebra, pero con la etiqueta de “amigas”, hacen que el futuro, no sólo del sector agropecuario murciano, sino de todos los sectores afectados, sea una bomba de relojería.

             A la manifestación han acudido más de seis mil personas y más de 350 tractores, que entre bocinas, pitos y bubucelas han dado colorido y sonoridad a varias arterias de la capital, principalmente a la Gran Vía Salzillo.

            Me comentaba una de las personas que acudía a la manifestación, Daniel Ruiz, ingeniero agrícola y trabajador de una empresa del sector, que se encontraba decepcionado porque los políticos han desviado el enfoque del problema hacia las grandes superficies, con la matraca de que “si los márgenes entre lo que le pagan al productor y el precio de venta en el supermercado es descomunal, que si se hacen ricos, que si..., este discurso ya no se sostiene, porque hay empresas que, incluso disponen de tiendas y canales de comercialización propios, sin olvidar que el 80 % de lo que se produce en España va fuera, pero suponiendo que ese fuera el problema lo que ocurre es que hay una competencia desleal de otros países terceros ajenos a la UE.”

            Para abundar en la explicación, señala “que los productos que llegan a las cadenas de distribución y a las grandes superficies, deben ser manipulados, confeccionados, empaquetados, transportados, almacenados, vendidos, etc. con una serie de procesos y añadidos de valor, con el correspondiente añadido de impuestos, costes laborales y demás, que hace que del precio de cada producto a la venta, la mitad o más son impuestos que ha ido arrastrando en su camino.”

            Me comenta que lo que está viendo es que se le ha comprado el discurso a la izquierda, ese discurso de los ricos que abusan de los pobres, pero, en verdad,  “lo que está acabando con la economía en el campo, y no sólo en el campo, sino con toda la economía en España, son los impuestos y los sobrecostes políticos. El detonante de eso son decisiones políticas, y ahora ya, lo que nos faltaba, es la imposición de aranceles por caprichos políticos. No se puede poner en peligro un mercado estratégico como el de Estados Unidos, en jaque, por llevarte bien con Venezuela, que no te da nada, sino al revés, te quita. Sí que es verdad que algunos o unos cuantos se llevan oro o divisas, o lo que se lleven, pero los demás no podemos sacar nada de allí, al revés, nos va a costar carísimo. Pues nada, compran ese discurso y en lugar de emprenderla contra el Gobierno o contra los gobiernos que interfieren para que haya agua cara, costes laborales desmedidos, la Unión Europea descontrolada porque resulta que no saben negociar ni las ayudas, ni saben negociar los condicionantes para que vengan mercancías de otros países, pues no se les ocurre otra cosa que enfocarlo todo a las cadenas y comercializadoras con el mensaje de que esos son los malos que se están haciendo ricos.
            Todo eso, ni los partidos políticos se han enterado de cómo funciona, porque hay que apoyar al campo, pero lo que no tiene sentido es discriminar por actividades, porque vamos todos en el mismo barco y, por supuesto, los sobrecostes están machacando a todos los sectores; los sobrecostes energéticos (el precio de la electricidad encarecido por las renovables), los sobrecostes laborales, los sobrecostes de todos los productos donde interviene la mano del Gobierno, que son casi todos, pues eso perjudica a todos los sectores, y no se enteran.
            Perderíamos una gran ocasión si los partidos políticos nuevos se despegan de la realidad, por no saber lo que está en juego y se van con un sector y se enfrentan a los otros. Hay que aglutinar a todos los sectores y hay que poner en rebelión a la sociedad en contra de este sistema, porque este sistema nos está machacando, pero bien. Y ya no digamos a las comunidades que no somos amigas; a esas nos están triturando.

            Da pena ver que tenemos unas producciones que son una maravilla, unos campos que ofrecen cosas que otros no pueden ofrecer, tenemos unos mercados que nos hemos ganado a pulso y que los estamos perdiendo por caprichos de inútiles. Porque una cosa es vender barato y perder dinero, pero otra cosa es perder los mercados. Perder los mercados es lo último que puede pasar, y eso es lo que está pasando, por culpa de una manta de inútiles que tenemos. No se pueden perder mercados y, por supuesto, si no eres competitivo pierdes mercados. Y no somos competitivos porque nos obligan a pagar agua desalada de unas máquinas del Ministerio que cuesta una barbaridad, una electricidad que no podemos pagar, un gasóleo que tampoco podemos pagar, y unos costes de todo tipo que se ven incrementados por capricho de políticos necios, a los que les importamos un pimiento tú, yo, los de los tractores grandes, los de los pequeños y el resto, y se va a hundir todo, porque si nos creemos que se va a salvar algo estamos equivocados, porque si no hay rentabilidad para el pequeño, tampoco la habrá para el grande. Y ese es el problema, que no lo entendemos, porque esta no es una guerra de grandes y pequeños, ni de pobres y ricos, no, no, no.
           
            El problema de ahora es que estamos perdiendo los mercados, y los mercados mandan, por lo que debemos estar unidos. Eso les viene bien a los irresponsables que tenemos en los gobiernos, que les viene bien que nos peleemos entre nosotros y desenfoquemos el problema y le echemos la culpa a quien simplemente está intentando vender y aplicar un margen de beneficio como cualquiera. ¿Y ahora resulta que vamos a pelearnos con los supermercados o las cadenas de distribución de España? Cuando realmente más del cincuenta por ciento de nuestros costes son impuestos, además de las trabas políticas y dificultades, y esos mismos irresponsables que tenemos aquí complicándonos la vida y haciendo normativas para que no podamos mover ni un pie, resulta que se tragan que desembarquen mercancías de otras procedencias, sin control fitosanitario o de otros tipos, y que van al mismo sitio
que las nuestras en el supermercado. ¿y eso nos dicen que es el Mercado Común? ¡Venga, por Dios!
           
            Yo creo que estamos en muy malas manos, y creo que están confundiendo el objetivo, y por eso estoy muy preocupado, porque realmente veo que esto se hunde, pero de verdad, y ahora sí que estoy verdaderamente preocupado.”

            Y yo también, después de escucharte, Daniel.





















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