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miércoles, 15 de abril de 2020

LAS MISAS DE PEDRO Y PABLO

LAS MISAS DE PEDRO Y PABLO

“La mentira es siempre la primera en todo y arrastra a los necios por la continua vulgaridad.”
                Baltasar Gracián.

                           Jesús crucificado.

 Juan Manzanares.  KW 77   15 de abril de 2020

Dice el Diccionario de la RAE, en una de sus acepciones, que la fe es la creencia que se da a algo por la autoridad de quien lo dice o por la fama pública.”



Y en cuanto al concepto de autoridad, también la RAE indica que es el “prestigio y crédito que se reconoce a una persona o institución por su legitimidad o por su calidad y competencia en alguna materia.”



Por tanto, según esas apreciaciones, bastaría con reconocerle a un individuo que aparece colocado por otro en un puesto de relevancia del Gobierno o de los distintos niveles de las administraciones u órganos de poder de un país, esa competencia, para considerarlo autoridad. Pero no es así, porque una cosa es el poder, que es la capacidad del Estado o persona de forzar a alguien para que haga lo que ese Estado o persona quiere, aunque el obligado no quiera, y otra cosa es la autoridad que es la habilidad de llevar a las personas a hacer de buena voluntad, lo que la persona quiera por causa de su influencia personal.

Si trasladamos esas premisas a la situación actual de estado de excepción encubierto por un estado de alarma sin control de los actos de Gobierno por el Parlamento, sólo cabe preguntarse: Quousque tandem abutere, Petri et  Pauli, patientia nostra?  (¿Hasta cuándo Pedro y Pablo vais a abusar de nuestra paciencia?).

Llevamos un mes de confinamiento y habéis declarado un estado de alarma en fraude de ley y desviación de poder con unas condiciones de suspensión de derechos fundamentales que solamente se pueden producir declarando el estado de excepción o de sitio, y con la autorización y permanente control por el parlamento de todos vuestros actos.

Mientras tanto, tenéis a millones de españoles en arresto domiciliario desde el 14 de marzo y con la amenaza del contagio y de sanciones astronómicas, y aún no habéis sido capaces, -desde el 30 de enero pasado que tuvisteis conocimiento de los avisos de Emergencia Sanitaria Internacional emitida por la Organización Mundial de la Salud, y de organismos como la UE y otros-, de traer a España nada más que basura china y un contenedor de máscaras de carnaval.

Mientras tanto habéis confiscado las mascarillas de aquellos que saben comprar en el mercado internacional, para encargar vuestras compras de material por el Ministerio de Sanidad que dirigís a auténticos trileros, que os han engañado, y habéis persistido reincidiendo en el daño a la Sanidad pública y, lo que es más grave, a las personas que han tenido la desgracia de tener que soportar vuestras acciones u omisiones, siendo perjudicadas y falleciendo antes de que llegaran los equipos necesarios para proteger sus vidas.

Lo peor de todo esto, además del inmenso dolor de los familiares de los fallecidos por su pérdida, sumado al dolor de no haber podido ni verlos antes de morir, ni darles un último adiós, es el inmenso sufrimiento de aquellos que en residencias, en hospitales y en domicilios particulares vieron y se dieron perfecta cuenta de que fueron abandonados a su suerte como náufragos por aquellos que tenían la obligación de rescatarlos y proteger sus vidas, cobrando, además, por ello, y les dio tiempo de ver la indolencia, el desprecio, la desidia, incluso, en algunos lugares como en Cataluña, el dolo, porque se ha llegado al extremo de seleccionar en función de si la víctima superaba o no los ochenta años:
Salut recomienda no poner respirador a los pacientes de más de 80 años.
Vergés defiende que se decide con criterios médicos a quién se intuba o se ingresa
Me surge una pregunta, presidentes, ¿si hubiera estado vuestra madre o padre en esa situación le hubiesen privado de respirador?

Si hubiese sido alguno de los padres, abuelos o familiares de la Consellera Vergés, lo hubiesen privado del respirador o abandonado a su suerte en su domicilio o en una residencia?

La respuesta está en sus actos, como vimos a la Vicepresidenta, doña Carmen Calvo, eligiendo la Clínica Ruber para su proceso de infección del coronavirus. Claro que sí, doña Carmen. ¡Con la salud no se juega!

Esto que sigue es un mínimo ejemplo de vuestro proceder:
El Gobierno confisca la fábrica de mascarillas de Jaén y deja sin estas a la sanidad de Andalucía
(además de tratar públicamente como delincuente al fabricante, que honestamente iba a cumplir con su pedido para la Junta de Andalucía).
El Gobierno retiene en las aduanas miles de mascarillas que habían comprado los supermercados para sus trabajadores
Covirán y Gadis han comunicado que el pedido de material de protección para hacer frente al Covid-19 para sus empleados no llega.
Una clínica de Dénia denuncia que el Gobierno le requisó en la aduana un pedido de mascarillas
Las mascarillas con destino a España se desviarán a otros países por la confiscaciones aduaneras
El Gobierno interviene la sanidad privada y requisa stock de productos sanitarios
La Guardia Civil requisa más de 7.000 mascarillas en Gijón
Fueron localizadas en un contenedor procedente de Ecuador
La Guardia Civil requisa 11.000 mascarillas en el aeropuerto de Gran Canaria
La denuncia de una farmacéutica de Madrid tras recibir las mascarillas del Gobierno: "Son de papel y duran dos horas"
Las farmacias siguen sin mascarillas ante su posible uso generalizado
Los farmacéuticos critican la escasa previsión del Gobierno por la falta de material y la subida de precios

Y así hasta hartarnos.
Mientras tanto, hemos de soportar las misas, más las homilías, más las admoniciones y plegarias de los presidentes Pedro y Pablo, suplantando al “inocente”, como el buen pastor que cuida de sus ovejas (llegando ya a los 20.000 muertos a mitad de abril, y aún sin ni siquiera mascarillas o test para toda la población) y, además, rogando a la oposición que hagan de cireneos para ayudarles a soportar el peso de la cruz, sin darse cuenta ésta de que, al menor descuido, la van a soltar y salir huyendo, dejando a la oposición a solas con la carga del madero.

Mientras tanto, presidentes, tenéis bajo arresto domiciliario un mes ya, a millones de personas; controláis la ubicación de cada persona -como en la novela de Orwell: "1984"; utilizáis a los viborillas de vuestros partidos como chivatos en las redes sociales;  repartís millones al duopolio mediático con la excusa de que han caído sus ingresos por publicidad, cuando el año pasado declararon cientos de millones de beneficios, e incluso, si fuera verdad, ¿a cambio de qué, y por qué?; cobráis las cuotas de la Seguridad Social de marzo y abril a tres millones y pico de autónomos y les prohibís trabajar; Os habéis convertido en el único Gobierno de la Europa Occidental que censura las preguntas de los periodistas; habéis otorgado poder, que no autoridad, a dos empresas privadas para censurar las redes sociales y controlar el tráfico de mensajes que consideráis que no os benefician; os negáis a dar el nombre de la empresa de trileros que os ha engañado con las compras a China o vaya usted a saber a dónde fueron a comprar, y un largo etc., que merece que la oposición o una acusación popular, como la de VOX el Procés, os meta mano, ya que, según manifestó usted, Presidente Pedro:“la Fiscalía General del Estado depende del Gobierno; pues eso.”

Para terminar, no tengo más remedio que echar mano de don Baltasar Gracián, que en uno de sus aforismos sobre los necios aconsejaba no seguir adelante con la necedad, porque “algunos convierten el error en una obligación: como se equivocaron al comienzo creen que por constancia hay que continuar. En su fuero interno ven el error, pero en su exterior lo excusan. Por eso su imprudencia inicial se convierte a los ojos de todos en necedad. No obligan ni las promesas irreflexivas ni la determinación equivocada. Pero algunos persisten en su torpeza inicial y siguen adelante con su escasa inteligencia: quieren ser constantes de modo impertinente”.

En fin, habéis perdido toda autoridad y, por tanto, la fe del pueblo, ya solamente os queda el poder.



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