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jueves, 9 de julio de 2020

Mensajes del capitán


Wladimiro Martín

KW77

09.07.2020



Hace unos cuantos años, antes de que Rousseau acuñara su "contrato social" ya anunciaron algo parecido los filósofos ingleses Thomas Hobbes (primero) y John Locke (después). Lo que pasa es que el primero hablaba de que el ser humano era, por naturaleza, un ser belicoso; mientras Locke pensaba que en estado natural se trataba, el hombre, de un ser social y pacífico (mito del buen salvaje). El primero (Hobbes) consideraba que el gobierno ideal era la monarquía absoluta, para garantizar el orden y evitar el leviatán (título de su obra cumbre) . El segundo, decía que la forma ideal de gobierno es la monarquía parlamentaria. Ambos se vieron claramente influidos (como no podía ser de otra forma) por el momento social que les tocó vivir.


Nosotros vivimos en tiempos convulsos y conviene que tengamos cierta consideración histórica, pues muchas fases de la historia del hombre tienen algo de repetitivo, aunque nos empeñemos en dar nuestro peculiar toque de novedad a lo que nos pasa. También nos vemos claramente influidos por el momento social que nos ha tocado vivir y que nadie duda es irrepetible; por eso es algo histórico.


En medio de esta tormenta, cuyo origen no discuto - ya habrá tiempo –, ni siquiera me planteo a quién beneficia, si es que a alguien favorece. En medio de esta tormenta, decía, recuerdo la frase que escuché a un buen amigo: "Cuando en medio de un temporal el capitán del barco lanza mensajes ambiguos, por muy buena que sea la tripulación, el barco se hunde".


Son momentos en que se aprecia y estima la firmeza, se valora la univocidad. Da idea de sabiduría. Aunque detrás no haya conocimiento. Mejor que lo haya, sin duda. Pero, la cosa es no hundir el barco.


No sé quién ha sido el dubitativo, si la autoridad sanitaria, si el gobernante de turno, si el técnico encargado de dar el parte… Lo que sé es que el dicho "donde dije digo, digo Diego" ha cobrado, más que nunca, mucho sentido. Así se nos hunde el barco.


No es extraño, a mi parecer, que cada cual haga la guerra por su cuenta. Casi cada ciudadano de a pie ha tirado, a su manera, por la calle de en medio. Unos desde la ignorancia, otros desde el miedo, pocos desde la prudencia. Unos desde la ciega obediencia, otros desde la absoluta rebeldía. Pero cada cuál, y eso es lo peligroso, interpreta a su manera el cambiante mensaje, las antagónicas voces. Se parece al viejo chiste en que alguien pregunta al niño si funciona la luz intermitente. La voz infantil contesta, muy seria: "ahora sí…, ahora no…, ahora sí…, ahora no…"


Lo que está claro es que el tiempo, una vez más, da y quita razones. Habrá que esperar. Ese es el riesgo y la condena. Luego cuando el tiempo haya pasado la solución será otra, será en el presente (si la hay).


Vamos a despedir esta disertación, que espero ayude a reflexionar, con la frase del escritor japonés Haruki Murakami, que tanta actualidad cobra estos días que nos ha tocado vivir:


"Y una vez que la tormenta termine no recordarás como lo lograste, como sobreviviste. Ni siquiera estarás seguro si la tormenta ha terminado realmente. Pero una cosa sí es segura. Cuando salgas de esa tormenta, no serás la misma persona que entró en ella. De eso se trata esta tormenta".

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